Capítulo 12: Huir

Como un ritual todas las tardes al salir de clase, iba a casa de mi amigo, que me dejaba hablar con mi amor.

Muchos de vosotros se preguntarán por qué no era tan sencillo como comprar un móvil con datos, pues bien, en la época que sucedió mi historia de amor no existía ni whatsapp, ni internet en el móvil como lo conocemos actualmente, entonces la comunicación era diferente y limitada.

Para poder hablar por las redes sociales entonces conocidas, como Facebook, era necesario hacerlo desde el ordenador, sin contar, con el control que tenía en casa, con las limitaciones que vivía, me habían prohibido a mi amor.

Pero ¿iba a aceptarlo? cuando de amor se trata, la razón queda en una posición más baja, por lo tanto tenía claro que quería seguir viendo a mi enamorado, y qué se yo, escaparnos quizás.

Andaba varios días dándole vueltas, pero esta vez tenía que actuar de manera sigilosa, porque sabía que mis padres vigilaban cada paso que daba.

Pasaban los días, y cada día que pasaba, no podía dejar de pensar en volverle a ver, fantaseaba con la idea de abrazarle de nuevo hasta detener el tiempo. Entonces tenía claro que ese sentimiento había venido para quedarse.

Era un día normal en el que salía de la Universidad, entre risas con mis amigas, noté una mirada, que se clavaba en mis ojos, esa sensación de que alguien te observa, mire a cada lado, y sí, ahí estaba él.

De repente empezó a emborronar todo mi alrededor, quedando sólo él y yo, en mi imagen, me dió un vuelco el corazón, él se acercaba con unas rosas, sonriendo, esa sonrisa infinita en la que podía perderme.

Sólo recuerdo que no pude moverme de donde estaba, y él me abrazó, apenas sentía el abrazo, sólo notaba una calma que me invadió por todo el cuerpo, no me lo esperaba, solo me miró y me dije HUYAMOS AL FIN DEL MUNDO.

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