Capítulo 11: ¿Sigues ahí?

Era el final, los días pasaban por mí, pero no sentía su paso, perdí las ganas de comer, de estudiar…en general perdí las ganas de todo.

Habían pasado tres semanas sin hablar con él, CASI UN MES, y pensaba que mi vida había perdido todo el sentido.

¿Cómo podía sentir algo tan fuerte por alguien que apenas conocía? Todos me decían que dejara pasar el tiempo, y eso hice. 

A pesar de mi falta de interés, intenté refugiarme en mis estudios, pasaba largas horas en la biblioteca, estudiando, había dejado de salir con mis amigos casi por completo, no me apetecía estar con nadie, me sentía más cómoda, refugiarme en mí.

La relación con mis padres fue mejorando con los días, mi actitud derrotista hizo que volvieran a confiar en mí y no cuestionaran cada cosa que hacía.

En principio todo volvió a la “normalidad”, esa normalidad odiosa, y vacía, ya no tenía los mismos ojos para verla, no la encontraba, ¿me compensaba ser “normal? no dejarme mover por los sentimientos y las emociones, vivir resignada.

Así pasaban los días, uno tras otro sumida en la monotonía, un día salí a pasear, era fin de semana, así que decidí levantarme pronto, era un día nublado y frío, pero eso ya casi no me importaba, mientras iba caminando a ningún lugar, pensaba en todo lo que me había sucedido, porque realmente no había hecho hasta este momento. En efecto, desde el día que mi madre me dio la noticia de que lo sabían todo, había un espacio en blanco hasta este momento que empecé a pensar realmente en el asunto, quizá no lo hice antes porque me dolía demasiado, y solo intenté olvidarlo, pero algo tenía que hacer porque guardar todo no era la solución tampoco.

Por un lado era libre, ya no tenía nada que ocultar, sufrí mucho estrés ocultando la relación, pero era feliz siendo libre, rotundamente NO, ni tan siquiera había tenido la oportunidad de tener una relación, había conectado con esa persona de manera especial, y sabía que no me iba a volver a pasar.

Entonces, ¿Cuál era el plan? ¿ahora qué?, vale la pena luchar contra viento y marea contra algo que no sabes dónde va a ir. Tenía que intentarlo para saber la respuesta, sin hacerlo no lo iba a saber, así que de repente me paré, estaba haciendo lo que todos me decían, quiero hacer algo que me haga feliz a mí, y ese algo era EL. 

Cambié mi rumbo hacia la casa de un amigo, era una persona con la que hacía tiempo que no hablaba, pero siempre había estado ahí cuando lo necesité. Cuando llegué a su casa se alegró de verme, me dio un abrazo, y estuvimos hablando, le conté todo lo que pasó y le pedí que me dejara hablar con mi amado, él accedió.

Me dejó sola en su habitación encendí el ordenador, entré en Facebook, vi todos los mensajes acumulados, todos los días estaba escribiéndome. Le envié un mensaje, y de repente, me escribió ¿Estás ahí? a lo que respondí Sí, y me eché a llorar.

2 comentarios en «Capítulo 11: ¿Sigues ahí?»

  1. Duele que la persona que amas te deje no por que no te ame si no por que la depresión lo tiene sumido en una cueva para que nunca lo encuentre y lo puedan ayudar, duele dejar ir al amor de tu vida o la persona que te hizo amar nuevamente.
    Quisiera que alguien me aconsejara de esto.

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    • Buenas tardes Elizabeth, una persona con depresión, suele tener una sentimiento de tristeza que lo envuelve y de la cual es difícil, pero no imposible salir, pero el amor mueve montañas, cuanto más se meta en la cueva la persona, peor será, yo te recomiendo paciencia, y luchar juntos contra la enfermedad, porque si es amor de verdad, superará cualquier enfermedad, tiempo, paciencia y fuerza, sobre todo la fuerza de la que carece la otra persona para salir de su cueva.

      Te deseo lo mejor.

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